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jueves, 9 de febrero de 2017

Regalos

Rodearte de niños cuando eres un adulto me lleva a comparar con mi propia infancia. Los juegos, la manera de relacionarse, los nuevos chistes, las cosas que les importan, cómo hablan a sus padres. Luego, veo a los adultos y todo lo que quieren hacer por sus hijos. Mi hermana y pareja hablan acerca de lo que quieren sus hijos; "Emilio trae mucho eso de que le gustan las naves espaciales", y toda esa temporada buscan y buscan en jugueterías, preguntan a conocidos, les dicen a los tíos y padrinos y ahí estamos todos, parando la vista en búsqueda de la fulana nave espacial. Quizás lo que me llame más la atención sea que no hay ocasión especial para celebrar la búsqueda o encuentro del regalo, es sólo regalar porque hay amor.

Recuerdo que cuando era niña los regalos se me eran dados en dos ocasiones: cumpleaños y navidad.

Por ahí del 2001 o 2002 estaban de moda éstas esferas de plástico duro amarradas en pares con cuerdas y sujetas con una argolla, la cual sujetabas y movías de arriba a abajo haciéndolas sonar. "Taca tacas" se llamaban, por el sonido que hacían al chocar. Como esas habían muchas cosas que aprendí a desear y no pedir, porque eran inútiles por ser de moda: pasarían y las dejaría allí, o al menos eso me decían mis padres, y yo les creía, porque después de quererlas por un tiempo, cuando dejaban de estar presentes ya no las recordaba.

Una tarde mis padres salieron al centro y al regresar me llamaron y me entregaron esas preciosas canicas color rosa chicle y de cuerda blanca. Los miré entregármela y lo que más hizo que me llenara el corazón de amor no era el regalo, porque yo sabía que no me hacía falta, sino que ellos, mis padres que no me regalaban nada salvo dos momentos, un día, sin precedente alguno y sólo porque creyeron que me haría feliz, me regalaron algo, y lo amé como ningún otro presente.

Otro día sucedió la segunda excepción:

Subí las escaleras y antes de llegar a mi cuarto mi padre me habló desde el escritorio en la computadora.

-Le tengo una sorpresa.

Solía ver que los padres de la televisión y los de mis amigos había veces que les daban cosas porque sí, y en mi mente pensé que tal vez ya era mi turno.

-¿...Qué es?

Mi padre sonrió y dijo

-Vaya a su cuarto.

Me asomé y vi todo exactamente igual. Busqué debajo de la cama, el buró, el clóset. Era obvio que no iba a haber nada. Qué tonta, cómo se me vino a ocurrir que mi papá haría algo como eso...

Salí a verlo.

-¿Eh? ¿Qué tal?

Le sonreí, ocultando mi completo desconocimiento sobre lo que estaba pasando, pero sobre todo porque se veía realmente contento de lo que sea que haya hecho.

-Quedaron limpiecitas, cada una de las tablitas del clóset. Me agarré de una por una. A ver cuánto le duran.

Se veía feliz, orgulloso. A mi no me importaba el polvo sobre el clóset, pero sí que mi padre fuera feliz.

-¡Muchas gracias!



miércoles, 16 de mayo de 2012

Peor que si algo malo hubiera ocurrido: no pasó nada

Por alguna razón, Talia decidió reunir a Exostosis nuevamente, con los miembros originales (entiéndase, yo) y con los nuevos tras mi salida (el nuevo bajista).
¿No es un poco extraño? Siempre he pensado en las bandas algo casi como una pareja, y eso era como salir con el esposo de mi antigua prometida.
Pero no era sólo eso. Yo no había visto a Fernando desde nuestro malentendido, y con toda la culpa y arrepentimiento que yo tuve después, así que estaba ligeramente nerviosa. Seguía siendo un buen hombre, atento, alto, ligero y con un aspecto despreocupado, aunque no le concordara la mente. Hablaba con cariño de su novia, y con una naturalidad sin presunción acerca de lo que hacía por ella.
Talia sabía qué no había pasado, así que casualmente usaba esa información para molestarme con esos dejos de arrepentimiento que todavía tenía.

Por ahí del 2010 realicé un viaje a Querétaro con mis amigos, todo pagado por parte del partido político de Leo.

 
 


Aunque las cosas estaban un poco extrañas y el arreglo de asientos me dejó con un chico al que no conocía, tratamos de encontrar algo bueno a pasar un trayecto de nueve horas con un desconocido en un viaje que se suponía era de amigos.

La plática, su voz, sus ademanes me hicieron sentir en confianza, y no fue nada desagradable pasar el tiempo a su lado. Dormitamos juntos; acurrucándonos en el asiento. El autobús estaba calmo, con susurros ocasionales. Pude sentir como me acariciaba el hombro gentilmente esperando que durmiera, haciéndome preguntar cuando fue la última vez que una persona había sido tan considerada conmigo.

Una tonta pregunta de mi parte rompió toda la atmósfera.

¿Cuál es tu nombre?

Nuestros compañeros lo escucharon e hicieron hincapié de ello inmediatamente; el barullo volvió a pesar de la hora, y los comentarios de lo poco que me importaba aparecieron. Hirieron su orgullo, su vulnerabilidad de haber bajado la guardia hacia mí. Simplemente no pude convencerlo de la nula verdad que tenían las palabras de aquellos, principalmente porque no me atrevía a disculparme propiamente.

Perdí la presencia de un buen hombre en mi vida, y si de algo me arrepiento fue de no hacer algo para recuperarlo (si es que se puede considerar haberlo "tenido" alguna vez).

viernes, 27 de enero de 2012

Esto no es para la gente que se fue, sino para la que se quedó


La semana pasada, por azarosos eventos, volví a ver Schetekat, un amigo de la primaria. Fue un enorme gusto, puesto que él fue uno del primer grupo de amigos masculinos del que fui parte; me contó acerca de cómo estaba él y de toda la gente de nuestro salón a la que seguía frecuentando.

-¿Si supiste lo de Abraham?

-¿Cuevas? No... ¿Pasó algo?

-Falleció.

Cuevas fue mi primer amigo, aquel con el que supe que la amistad entre un hombre y una mujer era posible, fue poco tiempo el que estuvimos juntos pero fue realmente divertido. El hecho no pudo dejar mi cabeza, y le daba vueltas y vueltas, pensando en un montón de cosas comunes que seguro toda la gente piensa cuando se entera de algo así. Lo primero que pensé en cuanto escuché el "falleció" fue un "No, porque yo todavía tengo planeado verlo"; y es que mis planes para él y yo era ser adultos con situaciones enteramente distintas, encontrarnos algún día en la calle y platicar acerca de como las cosas cambian pero poder decir "cómo nos divertimos".

Ahí se truncó ese plan.

Y recordé a Julio.

Fue un día de 2007 en el que mi dí cuenta que otro día del 2006 Julio había completado su resolución desde el 2005 de quitarse la vida.

Revisé todas las notas que escribió de un espacio que Windows Live borró. Dos o tres notas por año, y aunque no fue difícil terminarlo, fue difícil digerirlo.

Julio fue para mi un cariño platónico, de amistad y de amor: todo lo que sentía por él era correspondido a medias, si es que tal cosa existe. Escuchaba sus desventuras con sus padres, me sorprendía con sus amores imposibles y sus métodos para conquistarlos, preocupaba con sus deslices de salud y maravillaba con su brillante mente. Fue la primer persona a la que le dije cuánto me gustaba el piano, y cómo quería dedicarme a él. Esos fueron nuestros días felices: yo me sentía querida por él, y de sobra está decir lo mucho que yo le apreciaba.

La última nota que había leído suya clamaba como él había decidido dejarse morir pero la nefasta presencia -cito- "de aquellos que se autonombran mis amigos" le impedía obtener aquello que tanto deseaba, la muerte.

Yo, como cualquier persona ególatra y que se cree imprescindible, pensé "si yo hubiera estado ahí, pude haberle ayudado, haber evitado que lo hiciera".
En realidad sólo hablaban mis constantes deseos de ser importante para él, y aunque lloré y me pesó y anduve emo como dos años y medio, no fue sino hasta que conocí más personas que vivieron un duelo parecido al mío me di cuenta de lo tonto que fue lo que hice y cómo pensé.
¿No era, morir, lo que él quería? ¿Por qué habría yo de impedirle sus deseos? ¿Con qué derecho?

Yo no estaba triste por él, o porque el mundo había perdido una persona buena, por las cosas que no había hecho, por su familia. No, yo estaba triste porque era ~mi~ tragedia, porque ~yo~ quería que siguiera vivo, que siguiera queriéndome; lo que está bien y todo al principio, pero cuando pasa el tiempo y lo único que hace tu vida interesante es que alguien que querías falleciera y sólo buscas una excusa para ponerte triste en las noches o mientras miras una ventana en la que la lluvia cae, la última persona en la que piensas es en la que murió, porque lo que haces es ahogarte en autocompasión porque no has tenido la habilidad de hacer tú de tu propia vida algo digno de contar, así que sólo cuentas las tristes historias de una persona a la que no dejas morir en paz.

Me abofeteé, me levanté, dejé de buscar desesperadamente una tumba en algún lugar de Oaxaca y seguí adelante, y me sonrío cuando me acuerdo de él tocando el piano o viendo Doremi o si alguien me pregunta qué hacía yo a los once años.

Y con ese ejemplo, tras algunos días perturbada por la pérdida de Abraham, escribo aquí:

Ya luego hablaremos, Cuevillas.

lunes, 29 de agosto de 2011

Flores



Desde pequeña había estado reacia a la "romántica" idea de la entrega de flores como un regalo.

Eran muchas cosas, desde que no me gusta lo cliché, lo típico, algo que ha pasado tantas veces que dejó de ser especial, hasta que las cosas que son muy vistosas me dan muchísima pena y la tierra nunca me ha hecho el favor de tragarme cuando quiero.



He recibido algunas flores en mi vida, generalmente por parte de mi familia tras un evento importante; ganar un concurso, una graduación, un cumpleaños en que no se les ocurriera qué regalarme. Pero he sido cuidadosa de dejar en claro a mis amigos cercanos (o a los que alguna vez lo fueron) que lo mío no son las flores, aunque todavía no descubro el verdadero por qué, la enorme incomodidad que tengo al recibirlas y no saber cómo reaccionar (evitar la violencia o forzar una sonrisa) me ganan al momento de tomarlas en mis manos.



Aún así, la primera vez que recibí un ramo de flores en un sentido romántico, se convirtió, con el paso del tiempo, algo muy especial.

Yo no estaba lista, -y probablemente sigo sin estarlo-, para recibir los sentimientos de una persona que a mí tanto me quería y que yo negaba querer, la mayoría de las veces de maneras tan hirientes, por pura inmadurez, porque no podía aceptar sentirme así por una persona tan simple.

Gladyss me había dicho alguna vez que las flores, cortadas y regaladas a una persona a quien quieres, se quedaban "vivas" el tiempo que era proporcional al cariño que esa persona te tenía.

Yo quería que las flores se marchitaran, e intencionalmente las descuidaba, aunque siempre las miraba de reojo en el jarrón, viva metáfora de lo que estaba haciendo con nuestra relación. A pesar de todo, las flores siguieron ahí, sin una sola arruga en sus hojas, sin decoloración en sus pétalos. Y me dolía el pecho. Quería tenerla ahí de nuevo. Quería abrazarla, quería acariciar su cara, sentir su respiración cálida y compartir una bufanda en el frío de diciembre.

Pero no se puede. No podemos. No puedo.

Ya no.

Hasta que por fin el día llegó en que las flores ya no dieron más. Recuerdo derramar un par de lágrimas y voltear la mirada fingiendo que nada había pasado desde un principio.



Luego pensé en la impracticidad de las flores. No sólo la planta no va a poder sobrevivir, sino que el residuo no va a durar, se va a marchitar, y eventualmente tendrás que tirarlas y ahí se te fue el dinero en el ramo.



Entonces me puse a pensar ¿cómo, pues, podrías cortejar a alguien de manera más funcional?

Y la vi de reojo en un estante: Algarabía.





Con eso totalmente le daría una cita a alguien.

A esos ramos no les digo que no~ xD

sábado, 6 de agosto de 2011

Nuevas adquisiciones

Mi primer mejor amiga fue Nomo. Era pequeñita, de piel suave y morena, con ojos oscuros y una sonrisa permanente, según yo muy bonita, y según sus pretendientes también. Yo también era muy bonita, según ella, y según mis pretendientes también.

La conocí en secundaria, y los años que estuvimos juntas los recuerdo como los más felices, prósperos en muchos sentidos.

Cada vez que un nuevo pretendiente aparecía para mí, Nomo daba un respingo, sonreía pícaramente y me decía que ya tenía una "nueva adquisición".

Pasaron los años y aquello que me hacía tan "bonita" resultó ser algo que ya no buscaba nadie, y aquello de las "adquisiciones" como sinónimo de pretendiente dejó de ser una verdad en cuanto comencé el bachillerato.

Sin embargo, en uno de los medios en el que me desenvuelvo ahora, cinco años después, "adquisición" es algo también digno de presunción (aunque ni en ese entonces presumía tener pretendientes, así como ahora no presumo adquirir esto).

En lo personal creo que es más fácil de manejar esto que lo otro, aunque sea un poco más solitario, por eso me alegra decir que tengo nuevas adquisiciones


Finalmente llegó mi pedido de Putumayo *raburabu*. Amo mi reloj, al cual no le quise cambiar la hora de Japón, secretamente porque me daba miedo tocarlo descomponerlo.


Mi blusa =Q= Por delante y por detrás. Estira un montón y la tela es de sudadera, toda suavecita como me gusta~ Un extra que me encanta es el gato @Q@ Siempre quise al gato de Cheshire en prendas, pero las pocas que encontraba eran de Disney para niños. Es una de las cosas que me encanta de Putumayo, es la brand cuyos prints más me gustan~


Por otro lado me hice clienta de Muuh~
Después de mi anterior pedido, decidí entrarle a la joyería, con estos dos collares, -aunque con miedo del material porque me causa alergia-. Me gustan bastante, y como es más sencillo usar y combinarlos con ropa normal, ya fueron debidamente estrenados, uno con mi blusa de Putumayo~

La otra parte de mi pedido a Muuh fueron estas muñequeras con anillos. Debo confesar que mi razón para pedirlas fue por la enorme curiosidad que me daba tocar el piano con ellas, ¿cómo se vería? ¿sería cómodo? ¿podría tocar con ellas?
Ahora puedo decir que se ven bien, y es menos difícil de lo que pensé que sería, pero aún así no me da confianza ir a un recital así, porque el anillo golpea en las teclas y un mal movimiento me podría hechar a perder todo... *shivers*





Luego los vestidos por los que estuve a yendo y viniendo con la costurera que nos debe dinero e.é
Resultaron bastante bonitos, aunque hubiera preferido el rosa con la falda más amplia, pero la tela ya estaba comprada para cuando se me ocurrió hacerlo en base a un vestido de Angelic Pretty (Nadie más sorprendida que yo, considerando que AP es de lo que menos me pondría, pero ya ven, creo que llevo algo de Sweet en mí o_o...)
El otro en realidad es una copia de uno que vi en Alcalá de Henares en mis vacaciones, pero que me quedaba levemente (en serio, eran como dos centímetros nada más e_é) chico del busto. En realidad, quedó igualito al modelo original, así que confío en las habilidades (NO EN LA RESPONSABILIDAD) de esa costurera.

En general creo que por fin he satisfecho mi repentina necesidad consumista, y aunque tengo más compras en la mira el hecho de que ya no tengo dinero creo que con esto basta hasta la próxima vez que pueda costear decida comprar nuevas cosas.

sábado, 25 de junio de 2011

The Soundtrack of Our Love~

¿Cuál es nuestra canción?

Creo que tuve muchas canciones, a veces yo solita nomás, con cada una de las personas que me traían cacheteando las banquetas, tuviéramos o no una relación, ese sentimiento iba a acompañado de una melodía o lo expresaba alguna letra mejor de lo que yo misma podía describirlo.

No todos tuvieron canciones, unos más que otras, otros más tristes o más despechadas, otros simplemente los borré de mi memoria, para algunos se sobreescribieron recuerdos sobre esas tonadas.

Pero aquí va un recuento de los daños.


Nos conocimos en un club de ajedrez, nos presentó el profesor del taller, y sólo hablamos para preguntar qué color de piezas escogíamos.

Yo tarareé Lamento Boliviano, y por más que lo intentó, no logró adivinar cuál era. Luego comenzó la atracción y cosas, eventualmente se convirtió en nuestra canción, con la que "nos conocimos".

La primera vez que falté me pinteé un día de clases fue con él. Llovía, y la entrada general era a las 10:20 a.m. Fui a verlo a su casa para ir juntos a la escuela. Sólo nos veíamos en la secundaria, en los recesos, veinte minutos, suficiente apenas para charlar; no me gustaba intimar en lugares públicos, pero la urgencia de melosear me ganaba y compartíamos los besos y abrazos fuera de una farmacia cerca de la escuela. Aquella vez, con toda la intención, no nos dejé salir de su casa hasta que se calmara mi sed de cariño físico. Una canción de Franco de Vita sonó repetidamente mientras todo eso pasaba. Me la sé de memoria y la aborrezco, ahora, siete años después xD


Desde chica pensaba que "amar" era una palabra muy grande, que le quedaba a veces muy holgada a la gente a mi alrededor cuando intentaba ponérsela, pero fue hasta más tarde que, con temor, me di cuenta de que alguien además de mis padres y hermano la merecía, luego, con amargura, al aceptarlo y realizar que mis errores habían sido inmensos con la primera persona fuera de mi familia a la que le quería dar esta palabra. Nunca se la dije.

El recuerdo se desvanece, pero de vez en cuando recuerdo que esta canción me la mostró él.
Por alguna razón, el mejor bajista que conocía quería sacar esta canción, no la comencé a escuchar hasta después de nuestra separación.
Luego, cuando mi amor era tan grande, cuando lo único que quería era que él supiera lo mucho que le amaba, oía cada despechada canción del disco "20 éxitos de Óscar Chávez", por lo menos hasta la Mariguana (XD), siempre fue "Perdón" con la que le cantaba. No me disculpaba de nada, pero "Si tu sabes que te quiero, con todo el corazón, con todo el corazón, ¡con todo el corazón! Que tu eres el anhelo, de mi única ilusión, de mi única ilusión, ¡de mi única ilusión! Que calma mis angustias con un poco de amor, con un poco de amor ¡con un poco de amor!" eran cosas que siempre le quise decir.


Tengo que confesar, que aún ahora, procuro no recordar lo felices que fuimos, con miedo de mi propia flaqueza, de ir a buscarle, de decirle que ambas sabemos lo inmadura y ridícula que fui al dejar que las cosas tomaran ese camino tan tergiversado, sólo porque su amor por mí era tan grande que no podía ponerme peros, con miedo de descubrir que todavía le quiero.

Me dedicó "Aunque no sea conmigo", y hasta el momento, no he tenido relación con nadie que pueda ser descrita con una canción y exprese exactamente lo que se sentía. Ni una palabra más, ni una menos, esa era la canción que decía tal cual lo que aquella adorable y triste criatura sentía por mí.


El nuestro fue un amor "imposible". Tú tan allá y yo tan acá. Todo tan prohibido, tan lejano. Aún así, todas las noches hablábamos, y todas las noches abrazaba la almohada esperando que en sueños se convirtiera en ti, y pudiera pasar horas a tu lado, reposando el corazón, descansando mi mano entre la tuya. Cuando todo comenzó tu tenías a alguien, y yo decidí hacer lo mismo, por resignación. Si yo me enamorara de ti, pensaba en decirte... Y cuando me di cuenta se volvió esa canción lo que yo quería decir.

Un día te dije lo agradable que sería pasar una noche de verano juntos, escuchando esta canción.
Fue gracias a ti, que odié a Fanny Lu porque yo te recordaba con canciones elaboradas y tu me venías con estas chingaderas ¬¬



Fue toda una banda sonora la nuestra. Le recuerdo estudiando cálculo recostados en la cama de la celosa chica que nos presentó con Les Luthiers; reclámandome dejar Waltz for Zizi en la lista de reproducción, con un nudo en la garganta, recostados en la oscuridad viendo como Ed dejaba el Bebop, diciéndome que ahora me recordaba a mí con Lemon Tree. Lo recuerdo con incontables estímulos, en cantidad ocasiones, con muchas reacciones, pero lo recuerdo con mucho cariño, orgullosa de todo aquello que pasamos juntos, con esperanza de que todavía haya un futuro juntos**.

**No como pareja, though.


Renai Circulation es una suave y esponjosa canción que habla sobre los sentimientos de una chica que le gusta un chico a quien ni siquiera le habla, relata esas emociones que surgen de cada pequeño gesto que recibe de aquel que ni idea tiene de la atención y afecto que ésta le tiene. Poco a poco se convirtió en la canción con la que lo recuerdo, sólo a él, sólo los encuentros en el pasillo, los sencillos saludos, las vistas a lo lejos.

Después, al hablar, las memorias se evocaban con la Sugestión Diabólica, o la Fantasía en cm, aún cuando sólo la escuché una vez, cuando yo tampoco sabía que él existía.


Los recuerdos son llamados de muchas maneras, y aunque aquí sólo me atreví a llamar sólo algunos con algunas de las personas que han pasado en mi vida de manera musical, siempre habrá algún libro, una línea, un chiste, una palabra, un camino, una estación, un lugar que nos recordara aquellos que fueron o siguen siendo importantes.

lunes, 28 de marzo de 2011

Ara-pon

A lo largo de mi vida he llegado a desear muchas personas que no he podido obtener (o me he arrepentido de ello, pero eso es otra cosa), pero, de ahí a querer personas que no me han podido querer a mí, los números se reducen.

Quizás mi primer amor platónico haya sido Araceli.

Para mis infantiles siete años, y por razones que hasta el momento no descubro, en el momento en que me di cuenta del cariño y anhelo que le tenía a mi compañera de juegos, no significó shock alguno. Ella era linda, seria, con una sonrisa discreta y una actitud serena, pocas veces alocada, sabía por qué sendero ir y con qué precauciones. Por lo bajo, día tras día deseaba que en algún momento me dedicara algún gesto, verla reír hacia conmigo. Varias veces veía hacia mis manos, o a la nada fina línea de mi rostro, -costumbre que aún poseo-, y me deprimía pensar que no era merecedora de una chica tan elegante y delicada, que con esas manos mías tan torpes, y esos movimientos tan poco gráciles, jamás podría abrazarla como debía.

Tan fácil como fue admitir mis sentimientos por ella, fue el decidir decírselos.

-¿Podemos hablar? -dije, como si nada.

No me puse nerviosa; estaba decidida a decirle tranquilamente lo que sentía, y si algo tenía, era impaciencia, de abrirme a mis días de felicidad a su lado, la aceptación, su venida hacia mí. No quería estar sola conmigo, y un poco incómoda llamó a Verónica, su mejor amiga, la líder, la que nos llevaba a todos lados, con la que prefería estar a cada momento: la que me la arrebataba. Ambas se acercaron a mí y me preguntaron qué sucedía, y fue entonces que lo pensé: "¿Y si me rechaza? ¿Y si le gusta ella o alguien más? ¿Y si le disgusta? ¿Van a pasar los próximos tres años en burlas?".

Puse una cara de disgusto y dolor, usé un tono de voz agresivo y no la miré ni una vez a los ojos mientras le decía:

-No, nada, sólo quería saber si ustedes eran algo, porque siempre están juntas y eso.

Sintiendo la agresión, Verónica contestó:

-No, pero mira qué curioso, porque nosotras pensábamos lo mismo de ti. Que te gustaba Araceli.

Sí.
Pero ya qué.

Pensé.