miércoles, 5 de octubre de 2011

La señorita Bleiÿ me ha dado no sólo uno, sino DOS premios.

Presumo y agradezco ^^



Si tuviera que dar este premio, totalmente iría a Coppelia u//u... Ella es muy mona y siempre me lee e intenta comentar y me alegra el rato pensar que hay alguien que de hecho se toma la molestia en hacerlo. Muchas, muchas gracias.

Y también gracias a Bleiÿ por darme otro^~

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Poniendo las cartas sobre la mesa

Vi la hora. Tres y media. Tomé mi mochila, me acerqué al director, aprovechando la pausa entre piezas y le avisé.

-Disculpe, tengo que irme.

-¿Ya? -inquirió- ¿Y la siguiente canción? ¿La toca Lorena?

-Sí, las últimas dos las toca ella.

-Bueno, mija, entonces nos veremos mañana, ya lista para irnos -alzó la voz y anunció para todos- Acuérdense de que el camión llega a las diez de la mañana, y tienen que estar aquí. También a las muchachas, a ver si nos ayudan haciendo unos sándwiches para comer en el camino.

¿Perdón, qué? ¿Por qué le pide eso a "las muchachas"? Son sándwiches, por el amor de Dios, una gallina puede hacer sándwiches (*). Entendería que pidiera que nos dividiéramos las tareas, o que fueran platillos complicados, pero, no diga usted pavadas.

El director volteó a verme.

-A ver si pueden ayudarle a la maestra Susy a hacerlos, como unos cuarenta sandwiches para todo el ensamble.

¿Si sabe que somos como cuatro mujeres en un ensamble de alrededor de catorce personas, verdad? ¿Si sabe que el hecho de asumir que sólo las mujeres pueden hacer trabajo de cocina es sexista y discriminatorio no sólo hacia las mujeres sino hacia los hombres, suponiendo que no pueden?

Cualquiera que me conociera bien hubiera visto en mi cara la incredulidad, el sarcasmo y la negatoria a su petición en cuanto dijo eso.

-¿Sí? -me preguntó directamente.

Sé que no lo hace por mala persona, sé que es su manera de pensar, hogareña y a la antigua, pero, lo siento, no, ¿quién le dijo que yo sabía cocinar, eh? ¿que no sabe usted que en realidad hombres en este ensamble que saben hacer mejor comida que la mía?

Le sonreí y sin decir nada evadí la pregunta con otra y luego me fui.

Normalmente me hubiera ofrecido sin chistar, porque me encanta ayudar, pero también soy bien mula muy obstinada y aunque sé que sería una pérdida de tiempo (no porque no se disculpe el director, sino porque no hubo realmente ninguna ofensa) hacérselo saber, así que pienso no ir.

Comencé a pensar al respecto. No pienso cocinar por ser mujer, sino porque me guste, quiera o necesite (bien, bien, más de la última que de otra cosa), y aunque de buenas a primeras piense "no le voy a cocinar a mi marido/a", la verdad es que, si me pienso a mí misma amando a alguien lo suficiente como para querer vivir mi vida a su lado en una unión mayor, muy probablemente me vaya a gustar hacerlo: cocinar para la persona a la que amo. "Quizás eso es lo que hacen las mujeres casadas" pensé, pero mi mente también revisó el escenario "todo lo que me resta de vida" y encontré muchísimos huecos en los que ordenaría pizza, querría que alguien más cocinara o comiera en otro lado, así pues, decidí repartir las tareas.

Tu, mi querida persona: te amo, es por eso que escogí estar a tu lado, y es porque te quiero, y a mí también, que cocino por gusto, y espero que tu también. Y si alguna vez no coincidimos, ordenaremos comida a domicilio.

Es el futuro que te ofrezco.

(*) No es cierto.

Real Men know how to bake:
Parte de mi filosofía de vida.

Premio bloggeril


Reglas:
1- Anunciar el premio en una entrada.
2- Otorgar el premio a 10 blogs amigos.
Soy sumamente rebelde y sólo haré uso de esta entrada por mera presunción del título del premio~
Y el hecho de que tengo premio
*raburabu*
3- Poner el link del Blog que te ha dado el premio.
4- Avisar a los ganadores.
5- Compartir una frase.

Frase:

"Vestirte a rayas no te hace prisionero, caminar por la calle no te hace libre."

Te mereces algo mejor que una pavada que haya encontrado en el tuiter, pero, rayos, de verdad que me gusta esta frase.


En fin. Muchas gracias, señorita Bleiÿ~ En verdad me sonrojé cuando leí en tu blog esto. Fue raro, considerando que yo también te leo pero no comento... Aún así, agradezco la reciprocidad de nuestros no-comentarios y lo lindo de "somos un blog amigo".
Ten una buena vida y postéala en una entrada: da por sentado que yo la leeré.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

Defendida

Era un potente sol de atardecer, ardiente. El experimento había terminado, y algunas cosas de vital importancia habían salido mal: no tardé en sentir la mirada acusante y la vocecilla fastidiosa de Isabel reprochando a todos los presentes en la clase como es que mi descuido había arrojado a la basura todos sus esfuerzos por tener una buena calificación. A escasos metros del tumulto que había creado, me sentía rabiar ("para bailar un tango se necesitan dos"), porque, si bien debí haber puesto más atención y haber corregido lo que estaba mal, los errores los había cometido ella.

Con la cara roja, los puños apretado, un sol del carajo y toda la indignación que podía tener, me apresuré a alzar la voz negando lo ocurrido y explicar mi propia versión del asunto. Pero justo cuando iba a comenzar mi perorata, sobresalió la voz de la maestra, en lo que yo pude definir como un tono de voz acusatorio, de quien ha descubierto una verdad.

-¡Pero que cosas dices, Isabel! -dijo indignada- ¡Fátima jamás podría hacer eso! ¡Ella es demasiado seria, callada y apegada a las reglas! ¡Ella es un pan y pacífica y no podría hacerle daño a alguien!

Nadie dijo palabra. Todos eran zombies sin consciencia de lo que estaba pasando, mirando vacíamente a cada persona que hablaba, sin moverse de su lugar. El sol se seguía poniendo, y ahora podía ver nuestras sombras alargarse; la mía, la de mi cuerpo estático.

Me sentía apenada. Al principio de su discurso, fue un abrazo a mi incompresión, una defensa inmensamente agradecida. Pero cuando continuó hablando... ¿Era esa la impresión que yo daba? ¿En verdad la maestra era tan ingenua como para creer que yo era una damita educada e indefensa? Pasé a sentirme culpable de mi propia maldad. Esto ya no se trataba de quien tenía la culpa en el experimento fallido. Esto era la proyección de mí misma ante otras personas.

La maestra me miraba confiada de lo que decía. De esa bondad, pacifismo y buenas maneras que estaba segura yo poseía.

Yo agachaba la cabeza, avergonzada de tener que contradecirla. De haber ganado la batalla y perdido la guerra.



Al día siguiente llegué al salón de clases, aún pensativa sobre la situación. Vi a la maestra sentada, y vacilé en decir algo, ¿qué cosa podría decirle, sin tener que explicar todo lo que soy? Pero algo me carcomía por dentro, y quedarse callada no haría nada al respecto.
Tomé aire, y, nerviosa, abrí la boca:

-Ayer soñé con usted, maestra.



¿Epílogo?

-¿Sí?- respondió, e interesada, levantó la cabeza- Seguro te estrujaba y te decía "¡estás reprobada, Fátima!" -dijo, actuando la escena y luego haciendo una de sus típicas risas tiernas y relajantes.
-Soñé que me defendía de Isabel- atiné a decir, como mi mejor resumen del sueño.
Vi dibujarse una sonrisa en su rostro y expirar un sonidito de ternura, mientras emocionada me decía: -Ahwww, ¡sí! Isabel es bastante grande, yo ayudaría a defenderte -gesticulaba unos puños de defensa mientras hablaba- "¡Isabel! ¡No seas abusona y deja en paz a Fátima!". Esbozó una adorable sonrisa, una sincera complacencia ante la idea, y, por alguna razón, la culpa desapareció.


viernes, 9 de septiembre de 2011

Dejar de recordarte

Depende mucho del humor, creo, cuando me acuerdo de mi empanadez.

Hay veces en que simplemente amanezco fatalista y los sesenta metros que nos separan me parecen ciudades enteras, y no hablarte me parece una clara seña de que preferirías comer clavos a establecer contacto conmigo.

Otras que debo tomar la iniciativa y que aprovecharé cualquier oportunidad que se me presente para disfrutar de tu compañía, de algún saludo, de regalarte una sonrisa.

Algunas cuantas, también, pienso en la posibilidad de que tampoco sepas qué decirme, cómo acercarte, de si también maldigas el momento de no poder acercarte por pena a las personas a mi alrededor, o de si la timidez te pese lo mismo. Esas veces también te pezco mirándome de reojo. En esos momentos sé que me miras, a la distancia, sentado en esa banca entre los árboles, y yo desde el segundo piso del edificio. También sé que te das cuenta de que te observo, pero ni tú ni yo creemos tan certeramente esto como para dejar de temer el rechazo de un saludo. Quizás esos sesenta metros sí sean ciudades enteras, kilométricas entre la convicción de uno y la voluntad del otro.

A final de cuentas, desde aquella vez, ni por una ni por otra nos hemos hablado.

Todos esos días estuve en compañía de otras personas. Bueno, no es como si antes de eso mi compañía fueras tú. Las tardes estoy sola, y las horas libres también. Eso no cambia. No he hecho ningún amigo nuevo, -inclusive me ausenté de algunos y algunos se ausentaron de mí-, pero, no es que haya estado particularmente triste. Sólo nostálgica, con el suspiro que siempre te guardo.

Eran las doce del día de un jueves y mientras la maestra atendía a algunos alumnos, el tema de conversación era el rol que tenía cada cual al estar en primaria. Le di un leve empujón al compañero a mi lado en el hombro, uno de aquellos que había estado conmigo este tiempo. "Seguro que tu eras un bully desde pequeño y por eso ahora estás así ¿eh?", él se volteó, negó con la cabeza y comenzó a explicar como es que era todo lo contrario. Su amigo, famoso por ser poco discreto con algunas intimidades de sus demás amigos, además de formar junto a él un perverso dúo de burlas hacia todo lo que se mueva, estaba sentado tras de éste. Pude ver como comenzaba a reír y hacer mofa de la misma plática, codeándose con los compañeros y soltando carcajadas. "Y seguro te desquitas con Hiter y conmigo porque te martirizaban cuando más chico", él se rió, y antes de que pudiera hacer una broma al respecto, su amigo alzó la voz y, dirigiéndose a nosotros, dijo "pues a mi me cae que ustedes van a terminar siendo pareja".

Estaba desconcertada. ¿Qué carajos tenía que ver eso con nada de lo que estuviéramos hablando? Pero por otra parte, sabía que ese sujeto no estaba hablando por hablar. Me quedé confundida e inevitablemente sonrojada. Ambos intentamos llevar la corriente y no darle importancia al tema, aunque las burlas y los gritos habían comenzado. Eventualmente la maestra entró de nuevo al salón y el tema se quedó ahí.

El resto del día no pude evitar pensar en eso.

Quizás era que yo sólo me imaginaba contigo. Cómo serían nuestras citas, las audiciones, nuestro comportamiento en la escuela. Cómo sería si me quisieras. Y por más que pasaban cosas, y por más que me preguntara la gente, incluso las veces en que pensé rendirme y dejarlo por la paz, no era capaz de verme con alguien más sin pensar en ti (a excepción de dos personas igual de imposibles que tú). Tal vez por eso sería que no pensé que nadie en el cochino planeta pudiera considerarme atractiva o posible material de pareja.

Si él y yo...
Nah...
Él es tan despreocupado, simplón, burlesco, irrespetuoso, poco serio. Siempre me desespera pensar que una persona tan talentosa como él se porte de una manera tan desprolija. Y yo, tan complicada, teatral, sobreanalítica, penosa, amante de las reglas y los buenos modales.
Si él y yo...
¿Y la escuela? Él es popular y le habla a todos, se le facilita hacer cualquier cosa que le pongan enfrente y su carácter es tranquilo y se deja llevar, como flotando en el agua. Y, bueno, aunque me gusta ser amable, dar un educado saludo, una sonrisa y un "buenos días" no es lo mismo a hacer una plática, además de que soy muy grillera y defiendo mis ideales aún cuando la otra persona no me esté escuchando.
No. Es que... No. ¿Cómo sería eso?

Y, por un momento, dejé de pensar en ti.


lunes, 29 de agosto de 2011

Flores



Desde pequeña había estado reacia a la "romántica" idea de la entrega de flores como un regalo.

Eran muchas cosas, desde que no me gusta lo cliché, lo típico, algo que ha pasado tantas veces que dejó de ser especial, hasta que las cosas que son muy vistosas me dan muchísima pena y la tierra nunca me ha hecho el favor de tragarme cuando quiero.



He recibido algunas flores en mi vida, generalmente por parte de mi familia tras un evento importante; ganar un concurso, una graduación, un cumpleaños en que no se les ocurriera qué regalarme. Pero he sido cuidadosa de dejar en claro a mis amigos cercanos (o a los que alguna vez lo fueron) que lo mío no son las flores, aunque todavía no descubro el verdadero por qué, la enorme incomodidad que tengo al recibirlas y no saber cómo reaccionar (evitar la violencia o forzar una sonrisa) me ganan al momento de tomarlas en mis manos.



Aún así, la primera vez que recibí un ramo de flores en un sentido romántico, se convirtió, con el paso del tiempo, algo muy especial.

Yo no estaba lista, -y probablemente sigo sin estarlo-, para recibir los sentimientos de una persona que a mí tanto me quería y que yo negaba querer, la mayoría de las veces de maneras tan hirientes, por pura inmadurez, porque no podía aceptar sentirme así por una persona tan simple.

Gladyss me había dicho alguna vez que las flores, cortadas y regaladas a una persona a quien quieres, se quedaban "vivas" el tiempo que era proporcional al cariño que esa persona te tenía.

Yo quería que las flores se marchitaran, e intencionalmente las descuidaba, aunque siempre las miraba de reojo en el jarrón, viva metáfora de lo que estaba haciendo con nuestra relación. A pesar de todo, las flores siguieron ahí, sin una sola arruga en sus hojas, sin decoloración en sus pétalos. Y me dolía el pecho. Quería tenerla ahí de nuevo. Quería abrazarla, quería acariciar su cara, sentir su respiración cálida y compartir una bufanda en el frío de diciembre.

Pero no se puede. No podemos. No puedo.

Ya no.

Hasta que por fin el día llegó en que las flores ya no dieron más. Recuerdo derramar un par de lágrimas y voltear la mirada fingiendo que nada había pasado desde un principio.



Luego pensé en la impracticidad de las flores. No sólo la planta no va a poder sobrevivir, sino que el residuo no va a durar, se va a marchitar, y eventualmente tendrás que tirarlas y ahí se te fue el dinero en el ramo.



Entonces me puse a pensar ¿cómo, pues, podrías cortejar a alguien de manera más funcional?

Y la vi de reojo en un estante: Algarabía.





Con eso totalmente le daría una cita a alguien.

A esos ramos no les digo que no~ xD

miércoles, 24 de agosto de 2011

If you want to be truly human.

You must not kill people.



Litchi Hikaru Club es un manga basado en una de una serie de obras para el teatro Grand Guignol en Japón. Es una historia llena de violencia, sexo, brutalidad y angustia, que relata la historia de un Club de 9 muchachos, liderado por Zera, con el objeto de obtener la belleza, utilizando una máquina perfecta creada por ellos mismos. Lamentablemente, aunque la belleza sea una cosa casi divina, su admiración y deseo siempre serán imperfectamente humanos.



En Unsuki lo traducía¿mos? Bien, fue un proyecto en el que yo definitivamente no tomé parte, y el cual leí apenas en enero. Lamentablemente, según Onne-chan, Viz licenció LHC y no he podido saber qué demonios pasó. Hoy he encontrado el capítulo 5 en inglés y la curiosidad me carcome. ¿Qué pasará con Litchi? ¿Con Kanon? ¿Con Zera desquiciado por la sublevación de sus peones -y los recuerdos de un viejín diciéndole que va a morir joven? ¿Y esa predicción de la estrella negra? Digo, que es obvio que la primera no va a pasar, así que quiero saber cómo sucede la segunda.



He conseguido los raws y el capítulo final, pero, de nada me sirven si no puedo leerlos, y esta es una historia cuyo trama es imperdible: ver los dibujitos no basta.



Dude, you messed me up...

sábado, 20 de agosto de 2011

Cerezo



Faltaban veinte minutos para las cinco, cuando decidí limpiar el piano, considerando las palabras de mi invitada "llego de cinco a seis".



Escogí uno de los productos de limpieza, en mi ignorancia sobre limpieza de pianos. Ni siquiera sabía que tipo de madera era, pero era madera al fin, según yo.



Cuando estaba en preparatoria, recuerdo que Onne-chan llegó hablando sobre su nueva computadora, Mazapán, llamada así por ser lo que estaba comiendo cuando la descubrió en su cuarto. Pensé en lo espontáneo del nombre, y en cómo yo, a pesar de imaginarme cantidad de nombres para mis posesiones, terminaba con unos ridículos, insípidos, o simplemente demasiado forzados. El único nombre que me llegó al instante fue "Eurídice", mientras oía la mítica historia, y pensé que cuando tuviera un bajo eléctrico, sería para mí como Eurídice para Orfeo. Recordando esto, después de escuchar la historia de Mazapán, consideré los nombres espontáneos para los objetos importantes.



Pasé la franela con pocas gotas del líquido de penetrante olor a cereza.



Sonreí.



Cerezo.



Volteé la mirada y vi la tela que normalmente cubría el piano y había quitado para limpiar.



Algodón azul con un estampado de cerezas azules.

viernes, 12 de agosto de 2011

Improvisando acercamientos



La leía ocasionalmente, y con esa misma frecuencia encontraba en ella algunas cosas que también me agradaban a mí, cosas que usualmente no tenía con quien compartir, gustos incomprendidos a pesar de haber masas de gente clamándose fans. Mi mejor amiga siempre me bastaba para eso y para todo lo demás, pero obviamente no podíamos estar juntas todo el día, por más que yo quisiera.



Quizás es sólo cuestión de gustos, pero siempre me dieron muchas ganas de hablarle; imaginaba que sería muy divertido hablar con ella, el simple hecho de relacionarnos, de debatir o concordar, aquellas cosas que yo sentía teníamos en común.



Hablábamos de vez en cuando. Creo que no consideré en ella algo más que las cosas que hacía; no tomé en cuenta que había un ser humano con experiencias, sentimientos, relaciones y deseos detrás de esas opiniones y gustos que yo veía. Tendría sus razones, pero no se fiaba fácil de la gente, era algo insegura y cortaba la comunicación o la profundización de la relación cada que podía. Intenté salir con ella varias veces, me plantaba, se negaba o cancelaba siempre a último momento, como con vergüenza de salir.



La vi una vez, cuando fue ella quien se me acercó y me invitó a su cumpleaños. No me importó la gente desconocida, porque a pesar de todo, ella me interesaba.



Retomamos la comunicación. Como habla, como se expresa, las cosas que dice y hace, como se comporta conmigo: ella me interesa, como el ser humano completo que es.



Quisiera ser su amiga. Quisiera ser cercana a ella.



Pero esas cosas no se dan así, y yo lo sé. Y sé que esta simple actitud mía la puede espantar, y con toda razón, pero sé que esta vez no se trata de mi habitual sonrisa triste y queja de no tener amigas, féminas con quien compartir. Esta vez se trata de que esta persona me agrada, y quiero acercármele.



En este momento me gustaría tener un manual para hacer amigos .-.



Y luego ella es puro waifu material, toda linda, tímida, mona, hogareña y no sale de su casa todavía menos que yo. Y yo toda agresiva, con poca coordinación motriz fina, brusca y retardada para los acercamientos sociales, quién sabe qué vaya a pasar.

sábado, 6 de agosto de 2011

Nuevas adquisiciones

Mi primer mejor amiga fue Nomo. Era pequeñita, de piel suave y morena, con ojos oscuros y una sonrisa permanente, según yo muy bonita, y según sus pretendientes también. Yo también era muy bonita, según ella, y según mis pretendientes también.

La conocí en secundaria, y los años que estuvimos juntas los recuerdo como los más felices, prósperos en muchos sentidos.

Cada vez que un nuevo pretendiente aparecía para mí, Nomo daba un respingo, sonreía pícaramente y me decía que ya tenía una "nueva adquisición".

Pasaron los años y aquello que me hacía tan "bonita" resultó ser algo que ya no buscaba nadie, y aquello de las "adquisiciones" como sinónimo de pretendiente dejó de ser una verdad en cuanto comencé el bachillerato.

Sin embargo, en uno de los medios en el que me desenvuelvo ahora, cinco años después, "adquisición" es algo también digno de presunción (aunque ni en ese entonces presumía tener pretendientes, así como ahora no presumo adquirir esto).

En lo personal creo que es más fácil de manejar esto que lo otro, aunque sea un poco más solitario, por eso me alegra decir que tengo nuevas adquisiciones


Finalmente llegó mi pedido de Putumayo *raburabu*. Amo mi reloj, al cual no le quise cambiar la hora de Japón, secretamente porque me daba miedo tocarlo descomponerlo.


Mi blusa =Q= Por delante y por detrás. Estira un montón y la tela es de sudadera, toda suavecita como me gusta~ Un extra que me encanta es el gato @Q@ Siempre quise al gato de Cheshire en prendas, pero las pocas que encontraba eran de Disney para niños. Es una de las cosas que me encanta de Putumayo, es la brand cuyos prints más me gustan~


Por otro lado me hice clienta de Muuh~
Después de mi anterior pedido, decidí entrarle a la joyería, con estos dos collares, -aunque con miedo del material porque me causa alergia-. Me gustan bastante, y como es más sencillo usar y combinarlos con ropa normal, ya fueron debidamente estrenados, uno con mi blusa de Putumayo~

La otra parte de mi pedido a Muuh fueron estas muñequeras con anillos. Debo confesar que mi razón para pedirlas fue por la enorme curiosidad que me daba tocar el piano con ellas, ¿cómo se vería? ¿sería cómodo? ¿podría tocar con ellas?
Ahora puedo decir que se ven bien, y es menos difícil de lo que pensé que sería, pero aún así no me da confianza ir a un recital así, porque el anillo golpea en las teclas y un mal movimiento me podría hechar a perder todo... *shivers*





Luego los vestidos por los que estuve a yendo y viniendo con la costurera que nos debe dinero e.é
Resultaron bastante bonitos, aunque hubiera preferido el rosa con la falda más amplia, pero la tela ya estaba comprada para cuando se me ocurrió hacerlo en base a un vestido de Angelic Pretty (Nadie más sorprendida que yo, considerando que AP es de lo que menos me pondría, pero ya ven, creo que llevo algo de Sweet en mí o_o...)
El otro en realidad es una copia de uno que vi en Alcalá de Henares en mis vacaciones, pero que me quedaba levemente (en serio, eran como dos centímetros nada más e_é) chico del busto. En realidad, quedó igualito al modelo original, así que confío en las habilidades (NO EN LA RESPONSABILIDAD) de esa costurera.

En general creo que por fin he satisfecho mi repentina necesidad consumista, y aunque tengo más compras en la mira el hecho de que ya no tengo dinero creo que con esto basta hasta la próxima vez que pueda costear decida comprar nuevas cosas.