martes, 6 de mayo de 2014

Arte tan prohibido como nuestro amor

Mi precioso país tiene las orillas desgastadas, el centro despintado, los bordes casi imperceptibles. Algunos estados tienen vistas tan hermosas como la pobreza de la gente que la habita, otros que no recuerdan el cielo despejado del humo de las fábricas que los mantienen, para unos las fosas con cadáveres cerca de la casa de la tía es común, otros no conocen el sonido de una balacera en la calle pero podrían ser golpeados hasta la desfiguración de ir caminando de la mano de una persona de su mismo sexo en el lugar equivocado.

En Durango hace un par de años todo era miedo: cuando menos lo pensaras podrían soltarse los balazos. Ver las camionetas verdes con militares mostrando los rifles era algo común, a lo que no era grato acostumbrarse. En algún momento algo debió haber pasado que todo se fue calmando. De repente ya no eran tantos muertos, tantas cabezas en hieleras, tantas fosas comunes, tantas narco mantas. La gente volvió a salir, el sonido de balazos de nuevo fue algo extraño, daba menos miedo rebasar en las calles.

Llegué a Querétaro y las cosas eran diferentes. Había más autos que camionetas, los autobuses estaban en mejor condición, las calles mejor pavimentadas, poca basura en las calles, gente caminando tranquila en las noches. La primera vez que oí a la gente quejarse fue por una plaza, que con qué derecho la querían modificar, que si le querían quitar la estatua, que qué descaro. La plaza se cambió, sólo quitándole un escalón a la fuente.

Me reí mucho.

Una plaza.

Allá encontraban armas, gente con muchísimo dinero sin justificante alguno, personas con las manos sucias queriendo limpiar otra porquería. Y aquí se quejaban por una plaza. Pero está bien, maldición, entre lo risible hay un gran alivio de que las preocupaciones sean inconformidades de una plaza y no qué tan cerca sucederá la próxima balacera.

Estas vacaciones mi padre quiso ir a la Galería Libertad a ver la nueva exposición que había causado revuelo por su temática de crítica a la iglesia.


 
  

 

El tema era el nuevo glamour de la iglesia, presentándola como atractiva para sus seguidores, ocultamos entre preciosas sábanas bordadas con colores sacros los condones y viagras con que violamos a nuestros monaguillos, el dinero con el que nos bañamos en lujos: el nuevo catolicismo es sexy, cómpralo~
A mi personalmente me gustó. Fue una conceptualización que te golpeaba en la cara con su fácil entendimiento, además de que la ejecución estaba muy bien realizada; no llegué a leer la información delx autorx, pero tenía muy buen trabajo de diseño.

Mi padre, como no, había querido verla nada más por morbo de qué tan cruda estaba para causar todo el revuelo que estaba haciendo la iglesia queretana, pidiéndole a sus fieles que quemen a los impuros ayudaran a clausurar tan horrible representación.

Como pueden ver la neta está bieeeen light, así como que tu digas, grosera, obscena, cuasi escatológica, pues no está, sin embargo, a pocos días de su inauguración y de nuestra visita se anunció su clausura. 
Mi papá dijo: "pinchis persignados". Tiempo después recorrió otra noticia de una madre e hija violentadas en un parque e ignoradas por la autoridad por alego de ser un pleito doméstico (como si eso fuera una justificación para no proteger a alguien).
Qué curioso, pensé.
En mi rancho hubo balazos, fosas comunes, decapitados, acuerdos silenciosos de corrupciones, pero cosas como censura artística y negligencia en delitos con gente común (osea, la policía jamás te iba a defender de los narcos, pero si un cholillo te quería quitar la bolsa si se lo madreaban) no pasaban.
En mi hermosos país se pagan unas por otras, pero, como todo en la vida, pocas veces está todo el porcentaje mal.

1 comentario:

  1. Esa exposición se ve tan bien.
    Pero imaginó lo que causó, aquí sería igual.

    Tu que has visto un contraste. Igual, vivimos en México.

    ResponderEliminar