miércoles, 30 de mayo de 2012
Sobre cómo conjugar los verbos
En mi proceso de tener uno de mis cortes de cabello soñado, fui con la cuñada de mi hermana a que me cortase el cabello. De vez en cuanto resulta agradable charlar con ella, si a eso que hacemos en lo que ella habla y habla mientras yo río se le puede llamar charla, así que comenzamos con el protocolo.
Yo tenía algunas quejas sobre la actitud de mi sobrina y de mi hermana, que siempre tanto ruido me hacen, y al parecer ella también.
A sus polluelos nueve años la niña es una manipuladora, actúa como una chica rebelde y mimada de quince, y su madre sólo la atiende cuando se porta así, pero cuando brota su naturaleza de infante y de necesidad de amor y protección más que de cosas materiales, la ignora y maltrata.
-Tan lista que es mija - decía ella- Y luego se siente bien bonita y toda a la moda, así que hasta camina y mueve las caderas como si de veras.
Me acordaba de cuando era pequeña. Con su cabello cortito y diciendo montón de cosas ocurrentes y divertidas; con una personalidad marcada aún a pesar de tener sólo tres años, la recordaba llamándome "tu tía" porque creía que el "tu" era parte del nombre.
-Era tan linda. -se me escapó en el recuerdo.
-"Es" - me corrigió ella- Porque todavía sigue viva.
Sonreí.
Ah, esa vieja creencia que solía tener en primaria, aquella que decía que si te referías a alguien con un verbo en pasado, significaba que esa persona ya no estaba: había fallecido. Y es que es mucho para un niño entender que algo puede dejar de ser y todavía vivir. Alguien puede cambiar y convertirse algo diferente, despidiéndose de la cualidad que antes poseía.
Quizás también sea mucho para entender incluso para una persona adulta.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Peor que si algo malo hubiera ocurrido: no pasó nada
Por alguna razón, Talia decidió reunir a Exostosis nuevamente, con los miembros originales (entiéndase, yo) y con los nuevos tras mi salida (el nuevo bajista).
¿No es un poco extraño? Siempre he pensado en las bandas algo casi como una pareja, y eso era como salir con el esposo de mi antigua prometida.
Pero no era sólo eso. Yo no había visto a Fernando desde nuestro malentendido, y con toda la culpa y arrepentimiento que yo tuve después, así que estaba ligeramente nerviosa. Seguía siendo un buen hombre, atento, alto, ligero y con un aspecto despreocupado, aunque no le concordara la mente. Hablaba con cariño de su novia, y con una naturalidad sin presunción acerca de lo que hacía por ella.
Talia sabía qué no había pasado, así que casualmente usaba esa información para molestarme con esos dejos de arrepentimiento que todavía tenía.
Por ahí del 2010 realicé un viaje a Querétaro con mis amigos, todo pagado por parte del partido político de Leo.
Aunque las cosas estaban un poco extrañas y el arreglo de asientos me dejó con un chico al que no conocía, tratamos de encontrar algo bueno a pasar un trayecto de nueve horas con un desconocido en un viaje que se suponía era de amigos.
La plática, su voz, sus ademanes me hicieron sentir en confianza, y no fue nada desagradable pasar el tiempo a su lado. Dormitamos juntos; acurrucándonos en el asiento. El autobús estaba calmo, con susurros ocasionales. Pude sentir como me acariciaba el hombro gentilmente esperando que durmiera, haciéndome preguntar cuando fue la última vez que una persona había sido tan considerada conmigo.
Una tonta pregunta de mi parte rompió toda la atmósfera.
¿Cuál es tu nombre?
Nuestros compañeros lo escucharon e hicieron hincapié de ello inmediatamente; el barullo volvió a pesar de la hora, y los comentarios de lo poco que me importaba aparecieron. Hirieron su orgullo, su vulnerabilidad de haber bajado la guardia hacia mí. Simplemente no pude convencerlo de la nula verdad que tenían las palabras de aquellos, principalmente porque no me atrevía a disculparme propiamente.
Perdí la presencia de un buen hombre en mi vida, y si de algo me arrepiento fue de no hacer algo para recuperarlo (si es que se puede considerar haberlo "tenido" alguna vez).
miércoles, 9 de mayo de 2012
Dejar ir la ira
Últimamente he tenido muchos problemas con Mei. Esto me es realmente extraño, puesto que hacía años que no tenía drama de nada ni malentendidos ni peleas. Me volví una persona más calmada, así que si alguna vez se presentaba una oportunidad de pleito me mantenía serena y siempre buscaba ser la "mejor persona", acomodando mis argumentos de manera coherente y que expresaran claramente lo que yo sentía y pensaba; fue de esta manera que logré mantener la relativa armonía que hasta este momento tuve. Esto no significa que que no me enoje, que no maldiga, que no azote la puerta o golpee la pared, es sólo que después de escupir todos mis demonios (bueno, siempre hay unos que se quedan) hablo tranquila.
Fue una cosa tras otra. Yo hice cosas sin pensar; ella me lastimó tras malinterpretar, yo me dolí y le reclamé, ella dijo que fue mi culpa, y lo dejamos así.
Luego escribí algo. Así es la cosa con los que escriben: un día sientes las caricias de las manos lectoras, y otras sientes como te cortan la respiración apretando tu garganta.
Me tomaré un momento para explicar como es que surgen algunos de estos escritos que leen aquí (y en algunos otros lados, pero principalmente aquí). Dicen que un mago no revela sus trucos, pero lo bueno es que mi magia son letras viles.
Mi vida no es tan interesante como se puedan imaginar; entre las dos escuelas y mi intento por socializar con los amigos que me han ido quedando he hecho, poco tiempo me queda para salir a tener aventuras por ahí. Pero pienso demasiado. Escucho una plática en el autobús, leo un artículo de una revista, oigo algunas frases que las personas a mi alrededor dicen, recuerdo cosas que me han pasado, y pienso.
¿Haría yo lo mismo? ¿Me parece bien o mal? ¿Me ha pasado algo similiar? ¿Conozco a alguien que sí? ¿Qué opino al respecto? ¿Cómo me hace sentir? ¿Solía hacer eso yo antes? ¿Qué diferencias hay entre la antigua yo y esta que vive ahora? Y así vivo, pensando en estas cosas.
Y luego escribo (bueno, a veces).
Si llevan por lo menos algunas tres o cuatro entradas leídas de este blog, se darán cuenta al leer el escrito que publiqué que es muy... yo. El tipo de recuerdos y reflexiones que hago normalmente aquí. Si decidí hacer ese texto fue por esto (quizás si deba admitir que esto me dio un poco de celos, porque me creía especial y porque yo también estuve pensando en cosas embarazosas como hijos y así, pero trato de sólo decírselo a Rodrigo) y esto.
Efectivamente me recordaron a mí misma, a cuando era pequeña, cuando descubrí el internet, cuando aprendí a rolear, la primera vez que me gustó alguien profundamente, las primeras personas a las que consideré mis amigos.
Y lo escribí. Y lo hice en el tumblr y no en el blogspot porque, como dice el tag, pensé que a más personas les ayudaría allí, porque eso es lo que siempre quiero cuando hago una entrada, cuando publico algo: quiero mover algo en la gente, quiero que lo que les digo les haga pensar, reflexionar, no sobre mí y mis historias y mi vida, sino sobre ellos mismos. Porque de experiencia propia sé que puede ser de mucha ayuda.
Pero no me hago llegar hacia ella, y no sé si deba rendirme y esperar a que la experiencia de perderme como amiga le ayude a pensar más sobre las cosas o deba quedarme, y ofrecerle la innovadora experiencia de tener una amiga que no se va aunque le digas cosas feas.
jueves, 3 de mayo de 2012
Un deja vu en el plano onírico
Un "deja vu" es la sensación de haber vivido una situación previamente a una nueva experiencia, y esta peculiar experiencia ha sido objeto de numerosas teorías de su significado; desde poderes psíquicos hasta teorías conspiracionales, la idea de una situación familiar que puede no haber pasado antes embarga a las personas de muchos sentimientos.
Aún cuando es normal pensar en esto día a día, y basado en las pláticas que he tenido con otras personas, me doy cuenta de que es aún más normal pensar que ese deja vu sucedió en un plano onírico.
Cuando era niña mis días estaban plagados de éstos. Noche tras noche, en el bizarro y usual sueño se presentaba de alguna manera, una situación, un diálogo, una persona, un paisaje que luego resurgía en la realidad. Llegó incluso a ser realmente fastidioso el deja vu dentro del deja vu. "Yo soñé esto. Y en el sueño yo hablaba acerca de que eso ya lo había soñado" hasta realizarse una cadena tan enorme, que lo único que deseaba era romper ese ciclo; de ahí que llegara a hacer cosas tan extrañas a mitad de conversación como saltar, abofetearme o cambiar súbitamente el tema.
De alguna manera llegué a controlarlo, aunque había veces en que bajaba mi guardia y de nuevo mi subconsciente me jodía.
El primer sueño del que hablaré sucedió hace dos días.
Caminaba hacia la plaza principal de la que, claramente, era otra ciudad. Recordaba la vez anterior. El trío de Jazz me había dejado sola y habían tocado sin mí el día anterior; así que en ese momento me encontraba en medio de desconocidos, a punto de tocar música que en la vida había visto. La plaza estaba a reventar, y aunque me sentía insegura, mis conocimientos de algo me habían servido y lo había logrado. la gente aplaudía, y aunque yo no conocía a mis nuevos compañeros de banda, me sentía apoyada. En cuanto terminó el recuerdo, volteé la mirada y vi a Salvador caminando conmigo. Le conté la agradable experiencia que había tenido antes y mis expectativas de que esta vez, cuando tocáramos como era debido, también nos fuera igual de bien. Miré nuevamente la plaza y me sorprendí de verla repleta de flores, en áreas de diferentes colores. Emocionada, jalaba la playera de mi baterista y señalaba las pequeñas plantas.
Desperté. Ciertamente ya había soñado estar en esa plaza; pero no había pasado lo que ya había dicho. Yo estaba perdida en esa ciudad, y no tenía idea de cómo regresar. ¿A qué juegas, enorme iceberg que oculta mi "ello"?
Llovía. La cuadra estaba llena de personas. Muchos conocidos, personas que fueron importantes para mí, algunas que todavía lo eran. Conocidos, familiares. Mi respiración se agitaba mientras me daba cuenta de lo que estaba pasando. Iba a casarme, y con él, de toda la gente. "¿Por qué, por qué?" pensaba mientras veía con confusión todo a mi alrededor "Yo no quiero hacer esto. No quiero casarme. Ni con él ni con nadie. Pero ya hay mucha gente, y están todos los arreglos... ¿Qué clase de cosa puede haber pasado para que yo aceptara que esto sucediera?" Necesitaba de alguna persona que me apoyara para pararme frente a todos y decir que lo último que quería era estar en ese lugar realizando esa actividad. Tomé mi gran vestido blanco y corrí por la lluvia, buscando "Duo" en el celular. Corrí lo más lejos que podía. Quería irme, no quería estar ahí. Quizás no necesite llamar a nadie si me puedo ir sola. Di la vuelta a la grandísima cuadra que acababa de recorrer mientras veía el horizonte y un amanecer. Alguien llegaba atrás mío y me tomaba del hombro. Felipe, el hermano de mi baterista, me sonreía y decía "mejor regresamos", me volteé tristemente, con una cara de excusa, mientras llegaba también Salvador. Derrotada, recorría junto a los caballeros al que sería mi horrible destino. Vi la cara de Enrique y como desviaba su mirada, consciente de que yo había tratado de huir, y me atacó la vergüenza ¿cómo decirle a toda su familia que a pesar de estar en el evento no quería casarme con él?
Estaba empapada, y de ese lado todavía era de noche. Entré a una tienda y veía a otro compañero de Diseño; el chico me miraba bajo sus lentes y se reía de mí, vaya embrollo en el que te metiste ¿no? Quise abrazarlo y llorar. Suplicarle que me sacara de ahí, con una desesperación cual Alicia le intenta razonar aun gato risueño.
Me forcé a despertar.
Ese lugar... Ese amanecer. Ya lo había visto, en otro sueño ¿pero en cuál...?
Deja vu...
sábado, 21 de abril de 2012
Confidencias subliminales
Vi el billete tirado en el piso; azul con un indio de Guelatao al frente, arrugado.
-Creo que es mío.-dije- Más que nada porque no creo que así de maltratado pueda ser tuyo.
Si algo le caracterizaba, era su pulcritud, responsabilidad y disciplina con la que hacía todo. Al menos todo lo que yo le conocía.
-Pues ni creas, no cuido tanto la apariencia de los billetes, además como odio las carteras y mi mamá sólo me las compra y me las da.
-¿No te gustan las carteras?-reí.
-Sólo que ahora es "no, deja de usarla, no mereces esa cartera".
-¿Se dieron cuenta de que no te gustaba?-comenté divertida.
-No, es que les dije que soy gay, así que se pusieron como locos-dijo rápidamente.
Sentí mi cara sonrojada, lo miré a los ojos sólo para desviar la mirada hacia mi mochila fingiendo atención.
Tomé aire y me quité los nervios. Lo que menos necesitaba era un comentario tan estúpido como "¿eres gay?", así que me colgué la mochila, acomodé el banco y lo miré dando la pauta para que siguiera hablando.
Me contó las reacciones de sus padres, de su hermana, la suya propia. Explicaba poco a poco cómo se sentía, y aunque no me dijo de qué manera se dio cuenta, pensé que realmente no importaba, puesto que a final de cuentas el resultado iba a ser ese.
Sigue sin ser una sencilla asociación, la homosexualidad latente con su personalidad tan seria, determinada y solitaria, pero esa sonrisa en su rostro de carga liberada me hace no cuestionar nada.
Y mientras caminábamos esquivando las piedras en la banqueta, pensé que lo impresionante no era que un hombre tan alineado, inquebrantable y aislado fuera homosexual, sino que me considerara su amiga.
martes, 17 de abril de 2012
Las mágicas faldas
¡Hola! Soy el waffle que reina escribe en este blog. Si tienes tiempo siguiéndome, probablemente recuerdes que aparte de ser una masita de harina, Jesusaurio me ha brindado las bondades de la redacción, observación y una peculiar facilidad para hablar nadie dijo que tuviera sentido sobre casi cualquier cosa.
Últimamente su Amo y Señor Waffle anfitrión ha querido escribir sobre montones de cosas, pero a veces le resultan muy complicadas, emos o cosas que a nadie le interesarían. Pero hoy ha decidido que no le importa. También ha decidido hacerlo en una terrible, mal planeada e improvisada tercera persona.
Ok, ya, no puedo hablar de mí en tercera persona por mucho tiempo, sólo en cuentos y así. ¡En fin! Resulta que en algún momento de mi travesía lolistástica leí en algún lado que conseguir faldas era lo mejor para tu clóset, y más si querías empezar y bleh. Por supuesto que yo no lo creí, ¿cómo cambiar el encanto de un vestido completo a una falda para la que necesitas más artículos? Así que mi prioridad siempre fue encontrar vestidos (sólo para soñar, puesto que yo, como muchas, no tengo ni el dinero ni las medidas para realizar mis sueños brand) para añadir a la wishlist, rara vez le puse el ojo a alguna falda.
Por el precio, accesibilidad y el hecho de que eran las únicas que me gustaban, obtuve un par de faldas antes que un vestido; aunque poco a poco me di cuenta de que mi manera de coordinar los vestidos no cambiaba mucho, y la cosa se veía muy limitada. Sin embargo la variedad que me ofrecía una simple falda era bastante, y puesto que mi armario loli no es realmente grande, pero otra de las bendiciones que me dió Jesusaurio fue la de saber combinar prendas (no soy fashionista ni la reata, pero, pues tampoco estoy en blanco) pude sacarle jugo a lo que tenía.
Ahora, bien. No soy la persona con mayores conocimientos de moda y diseño, ni la loli más experimentada, y es obvio que vengo a decirles lo mismo que dice cantidad de gente: las faldas son más versátiles que los vestidos.
Blusa: Offbrand
Falda: Muuh
Calcetas: Antaina
Wristcuffs: Muuh
Accesorios: Offbrand
No sólo en el loli; si vas a comprar una falda, te recomiendo los colores neutros, combinan hasta con la camisa del Barcelona, además es más fácil conseguir zapatos, calcetas y accesorios en estos colores para combinar con ella.


Falda: Muuh
Blusa: 18 forever
Medias: Bodyline
Siguiendo la lógica del color neutro siempre puedes resaltar un color casi de cualquier manera, añadiéndole "splashazos" -con pequeños toques del (o los) colores deseados- equilibrados en todo el atuendo, o con una prenda (blusa o chaqueta) de color fuerte, para romper el esquema estable y consonante del color neutro solo.
Blusa: R-series (creo?)
Falda: Muuh
Calcetas: Shasa
Accesorios: Shasa y una ñoñada que me inventé
También tienes la versatilidad en el estilo. Una falda de un diseño más estándar, o de print discreta puede servirte para hacer coordinados desde sweet hasta el punk pasando por el classic, el country y demás, sólo es cuestión de escoger los accesorios correctos.
Fue así como terminé viviendo el primer consejo que me había encontrado.
¡Saludos~!
jueves, 12 de abril de 2012
Accidentes

Habían pasado algunas horas desde que nos vimos, y sólo algunos minutos desde que tomamos asiento en el café, justo en medio de la apabullada plaza comercial. Nuestro mesero olvidó varias veces que estábamos ahí, desconcertándonos sobre el destino de nuestro pedido.
La chica a mi derecha, estudiante de psicología, inició el nuevo tema de conversación.
-¡Ese sujeto nos está olvidando a propósito!
-No, bonita, es sólo que hay mucha gente y se le olvida -responde la chica a mi izquierda, estudiante de enfermería.
-¡No! ¡Mentiras! -dijo en su casual vocecilla chillona y delgada.
-Es un error bonita, un accidente. -insitió la otra.
-¡Pues mi carrera me enseña que no existen los accidentes, Fer! Es todo un deseo del subconciente. Es como el tipo que me golpeó con la pelota de tenis en el ojo; ¡en el fondo él quería hacerlo! Tendría sus razones locas, como que le recordaba a alguien o yo le había hecho algo, pero ¡lo hizo!
-En mi carrera pasan muchos accidentes -dijo la chica frente a mí, estudiante de ciencias genómicas, con su habitual voz baja y de expresión reprimida, como de quien siente y quiere decir muchas cosas pero se limita a decir apenas unas palabras- Muchos, muchos accidentes. -añadió suavemente.
Todas callamos al sólo pensamiento del tipo de accidentes que podrían haber, desde lo más simple hasta lo más horrible. Recordé un sueño que ella había tenido y me había platicado acerca de como habían creado una mutación que se esparcía por medio del aire y creaba deformaciones trágicas en la gente de acuerdo a su tipo sanguíneo.
La estudiante de psicología respingó berrinchudamente, sin tener -todavía- un argumento contra ese tipo de accidentes.
Sonreí, las miré a todas sabiendo que sólo yo me reiría de lo siguiente.
-Pues en mi carrera los accidentes son perfectamente calculados. -dije yo, estudiante de música.
miércoles, 21 de marzo de 2012
Sólo si tu quieres, podemos casarnos
Sólo entrar al edificio apresuré el paso. Ilyana iba detrás de mí, todavía hablando; Enrique, hasta atrás porque como buen caballero nos había dejado subir primero. Estaba hastiada.
Abrí la puerta y ocupé mi lugar.
-No quiero volver a ir a la tienda con Ilyana -dije, escéptica del comportamiento de mis dos compañeros en un corto trayecto a comprar chucherías.
La chica había entrado; se rió al escucharme y con todo lo entrometida y ruidosa que había demostrado ser en los últimos veinte minutos, soltó toda la sopa.
-¡Henry le dijo a Fátima que quería casarse con ella!
Apoyé mi cabeza en mi mano con fastidio. Así era.
Fue una conversación casual acerca de la caballerosidad de algunos hombres al momento de cubrir los gastos de las mujeres, y de cómo nos sentíamos al respecto.
-No te preocupes, yo lo pago. -y fluidamente añadió- Cuando quieras nos casamos.
"Ese tipo de comentarios es lo que hace que las diez personas en nuestro salón digan que tú y yo tenemos algo, lerdo" pensé, mientras giraba la cabeza y trataba de no darle importancia al comentario.
-¿Ya ves? -dijo nuestra compañera- Cásate con él.
-No tiene que hacerlo si no quiere -respondió, tranquilo, con comprensión, hablando más conmigo que con ella.
Extendió el dinero y pago las cosas. Sólo las mías. Compró unas galletas y me las dio. He de decir que estoy algo avergonzada de la cara de asco que puse, pero lamentablemente así salió, con un enorme signo de interrogación en el rostro y una súplica para que no lo hiciera.
Caminamos de regreso a la escuela con Ilyana insistiendo con el tema del matrimonio.
-¿Quieres que se casen? -le pregunto, ya más calmada y seria.
Yo no quería oír la respuesta, la que fuera. Que se callaran, que las clases terminaran. Quería ir a mi lugar feliz y ellos estaban tapando la entrada repartiendo volantes con ofertas de pollo asado.
-¿Cómo puedes preguntarle que si se quiere casar con alguien a quien conoce de hace tres semanas? -exclamé, ya algo exasperada.
La chica me ignoró, como ya se volvía su costumbre, y él, con su característica necesidad imperiosa de opinar sobre todo en todo momento, y manotear y hablar de su verdad como única, en espera de la rendición de la parte opuesta, intentó decir algo.
-Pero no puedes decir que eso importa en el amor, porque...
Amor. ¿Hablamos de amor ahora? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Qué puede pasar en la cabeza de un hombre de mediana edad para decidir algo tan importante como la persona con la que quieres pasar tu vida y lo que sientes hacia ella? ¿Es tan fácil como llenar los requisitos de lo que buscabas en alguien?
La muchacha volvió a tomar la palabra, y deteniéndonos a ambos en la entrada de la escuela, lo miró y dijo:
-¿Quieres casarte con ella?
-Claro que sí. -dijo, decidido sobre su respuesta, indeciso sobre si expresarla o no.
Su interrogadora chilló, se movió de un lado a otro e hizo un montón de ruiditos y se volteó hacia a mí.
-¿Y tú? ¿Quieres casarte con él?
-No. -dije al momento, incrédula, y con una expresión que sólo había visto en la cara de Julia en la preparatoria, como de quien habla con alguien a quien decididamente le importa un carajo.
-¡Te vas a arrepentir...! -dijo en voz alta la mujer, comenzando con sus especulaciones acerca de la oportunidad de la que me perdía, sin decirlo realmente en serio.
Cuando terminó de contarlo al salón, la broma siguió y las burlas y exageraciones fueron por parte de todos. Continuamos nuestras láminas y el barullo terminó.
Ese día, por primera vez, Enrique se fue del salón antes de tiempo.
jueves, 15 de marzo de 2012
De cuando tener trabajo no te da derecho de menospreciar lo que la gente hace
Enfrente, en la silla de oficina, Luis: estatura media, delgado, cara de galán, voz grave y de bajo volumen, conductor de un camión de Sabritas. Al lado, en el sillón con tres asientos, Iliana: alta, delgada, morena, bella, trabajadora en el Instituto Duranguense de Educación para Adultos (IDEA), no como maestra. Junto a ella, José Manuel: bajo, relleno, cara de niño, tez blanca y cabello claro, trabajador en un negocio propio. De mucho dinero. Entre ellos y yo, María José: estatura media-alta, blanca, delgada, de cabello y apariencia general desprolija, se dedica únicamente al estudio. A mi lado, en el sillón de dos asientos, Enrique: estatura media, delgado pero sin forma, cara algo gastada y mayor, moreno, trabaja en no sé dónde.
-Es que el trabajo. Dice Luis.
-Sí, no mames, el trabajo. Secunda José Manuel.
-Es que si está bien pesado, estudiar y trabajar. Apoya Iliana. ¿Tu no trabajas, verdad? Le dice a Mary.
-No. Contesta y ríe ella.
-¿Y tú...? -Me dice ahora a mí, sin dejarme contestar- Ah, no, tu estudias música. Dice, condescendientemente.
-Eh, oye si está cabrón eso, eh, güey. -me defiende Mary.
Todos ya están tomados. Bueno, estamos.
José Manuel asiente con mucho convencimiento, y aunque Iliana no ha cambiado de opinión, hace lo mismo, apoyada por el alcohol.
-Como sea igual es mejor que estar sentada comiendo gorditas en la oficina -continúa Mary, con todo el tono acusador que ocho cervezas le pudieron dejar.
-Es que el trabajo. Dice Luis.
-Sí, no mames, el trabajo. Secunda José Manuel.
-Es que si está bien pesado, estudiar y trabajar. Apoya Iliana. ¿Tu no trabajas, verdad? Le dice a Mary.
-No. Contesta y ríe ella.
-¿Y tú...? -Me dice ahora a mí, sin dejarme contestar- Ah, no, tu estudias música. Dice, condescendientemente.
-Eh, oye si está cabrón eso, eh, güey. -me defiende Mary.
Todos ya están tomados. Bueno, estamos.
José Manuel asiente con mucho convencimiento, y aunque Iliana no ha cambiado de opinión, hace lo mismo, apoyada por el alcohol.
-Como sea igual es mejor que estar sentada comiendo gorditas en la oficina -continúa Mary, con todo el tono acusador que ocho cervezas le pudieron dejar.
domingo, 26 de febrero de 2012
Capricho Cereálico
De niña era yo muy seria, criada por mi familia para ser una infante madura, cuasi adulto, esto por la molestia de tener que tener niños en casa, siendo que mis padres ya eran mayores, mis hermanos adultos jóvenes y el hecho de no tener familia en la ciudad, pasando años y años reprimiendo montones de deseos, necesidades y sentimientos.
Hay una numerosa lista de objetos que otros niños tuvieron y yo deseaba, pero como eran muy "infantiles", además de que su única habilidad extra era ser bonitos (además de la función principal) mi madre se expresaba mal de ellos y yo entendía que el dinero debía ser invertido inteligentemente, así que no podía ser desperdiciado en esas cosas.
Yo quería libretas con dibujitos, pasta dura y aro grande. Pero no. Eran caras y mejor de las normales y las forrabas con algo. No digo que sea malo, pero tener una alguna vez en mi vida me hubiera gustado, aunque sea por la curiosidad.

Plumas de gel. Yo quería de estas, pero resulta que además de todo las razones mencionadas yo llegué a sentir que no las merecía! Que mi letra era muy fea como para usar colores tan bonitos.
Entre otras pequeñas e insignificantes cosas que yo deseaba estaban; artículos para tener un cuarto divertido, un microhornito cosas de Hello Kitty (llegué a odiar a esa gata porque no podía ser mía, al menos ese podía ser una buena razón "no tengo nada de Hello Kitty porque no me gusta, no porque no me compren"), papel higiénico con olor (déjenme en paz XD) y artículos de uso diario con diseños tiernos.
Pues bien, un buen día en el que mi madre y yo estábamos solas salimos a ver tiendas todo el día, y al momento de comprar la despensa vi una hermosa caja (ahaha, suena que la caja era especial. No, era una simple caja) rosa con esos dibujos de Mickey Mouse que tanto me gustan (cabe mencionar que no soy muy fan de este ratonzuelo).
Fui a enseñárselo a mi madre corriendo (una costumbre mía, dado que ahora soy todo lo niña que no fui antes y me la paso enterneciéndome de todo y mostrándole todo a mi mamá toda emocionada) y sólo dijo "ponlo en el carrito".
No me la creía.
-Son de arroz ¿no? Y no tienen azúcar, ponlos ahí -dijo con naturalidad, mientras seguía caminando en busca de algunos frascos.
¡Y fui tan feliz~!
Saben bastante mal, pero diablos, bueno, para mí fue un sueño y ahora me lo tengo que acabar XD
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